sábado, 10 de abril de 2010

VUELAN PEQUEÑAS MARIPOSAS EN MI INTERIOR

Un sábado por la tarde me senté en mi balcón luego de meses, respiré profundamente y sentí en mi interior volar pequeñas mariposas, pero no de aquellas mariposas que producen cosquilleos como dirían los enamorados, sino de aquellas mariposas que vuelan de un lugar a otro jugando y producen un ligero dolor excitante de no saber qué pasará.


Sentada ahí, viendo los carros pasar todos apurados con ganas de atropellar a quien se le cruzará en frente y las personas que conversaban unas con otras de cosas que no me interesaban, me sentí agobiada y con tanto bullicio, ansié con todas mis fuerzas aquellas amanecidas, donde solo los rayos del sol me recibían y respiraba un verdadero aire puro, la ropa fría en cada puesta, mis caminatas y juegos por el campo, tomar ese lonchecito todas las tardes y la espera de los atardecer espléndidos, que por no tener una cámara jamás pude capturar.


Seguía sentada en mi balcón y deje de mirar hacia abajo, alce la mirada y la dirigí hacia arriba y lo que vi fue solo el cielo, después de un rato vi pasar algunas nubes, un gallinazo y otras tantas aves pequeñas que se posaron en el cable del poste de la luz, se miraban una a otra, emitían sus silbidos, estiraban sus alas y jugaban entre ellas, las miré muy fijamente y ansié de nuevo con ganas intensas poder ser un ser humano tan hermoso como aquellas avecillas, que sentadas ahí sobre el cable, se veían tan divertidas, tan tranquilas, tan libres de hacer lo que les fuera imposible, tan capaces de volar a donde ellas les plazca y volver al lugar que les gusté.


Imaginé por unos cortos minutos ser una de aquellas aves, volé rápidamente al único lugar que deseo visitar, mi lugar preferido, un lugar lejano lleno de toda esa naturaleza maravillosa que calma el interior de mi ser y logra que toda preocupación o miedo a no saber qué pasará, resulte ser algo ligero y sin que cause un efecto de intranquilidad, un lugar donde tengo los mejores recuerdos de una corta existencia que duró por aquellos años muy poco.


Volví a mi balcón y las aves no se encontraban, habían volado mientras yo me traslada en mi imaginación, seguí sentada y empecé a pensar cuales podrían ser mi próximos movimientos de causa efecto en mi existencia, muchos de esos movimientos ya estaban dados y no había marcha atrás y seguramente darían un giro tremendo en muchas de mis decisiones, es en esos momentos que sentí de nuevo en mi interior volar pequeñas mariposas y con una lágrima por mi mejilla y una sonrisa plena comprendí que es bueno anhelar todo eso que viví pero que también era bueno esperar ya sea con un poco de miedo o emoción lo que se vendrá, que valía la pena esperar lo que se viene, que no estaba sola que ese vuelo de pequeñas mariposas en mi interior me acompañaran ahora, luego y más adelante, que es bueno llorar, pero también reír y molestarse, que nada malo pasa mientras uno tiene y saca fuerzas de algo o alguien, en este caso del vuelo de las mariposas en mi interior.