Me encuentro caminando bajo cuatro paredes, viendo a la distancia una pequeña arañita como teje aquel enriedo de caminos que debe seguir para formar su obra de arte, voy respirando muy pausada para lograr escuchar algún latido de mi corazón y recuerdo unos cuantos miedos que me impiden mostrar un poco más de lo que puedo ser.
Me dirijo flotando tras la puerta hacia un cuarto más amplio, sujeto un recuerdo con los dedos de mi pensamiento, sonrio y dibujo en mis manos siluetas de animales, cierro los ojos con gran fuerza y como arte de magia mis pupilas se mezclan con el sol de mis alegrías pasadas.
Intento nadar en el mar de mis silencios con mucho cuidado, temo hundirme y morir por el simple hecho de no saber chapotear, luego escucho el estruendo de unos rayos que intentan caer sobre mí, asustándome y disipando a la vez estos miedos que no terminan de irse para mala suerte mía.
Empiezo a soplar cometas que solo en mi imaginación logré hacer volar acompañada de mi padre, me subo a ese barco de las emociones vividas que dejan huellas moradas y que serán ocultados por un tatuaje fresa, escucho ese consejo que se quedó guardado por encima del ombligo y que se pierde en un espacio donde la cordura se esfumó.
Vuelvo hacia atrás y veo pequeñas lágrimas en un botón de rosa, las nubes se retiran lentamente y los vientos traen nuevos sentimientos, el tiempo que parecía perdido va encontrando un nuevo curso, los sueños marchitados empiezan a pintarse de colores, es momento de dejar que el arco iris me envuelva y bailen conmigo las estrellas al caer la noche como recompensa por expresar mi sentir este día.